miércoles, 10 de octubre de 2007

32. Cartas de amor.

A Martín no le importó dormir “atrapado” por Mariana, que paso la noche aferrada a su brazo. Se había despertado varias veces pero volvió a dormir con la ternura de la figura que buscaba su protección. Debía ser algo fuerte lo que había experimentado para que se la viera así, tan frágil.
Al salir el sol, fue ella quien lo despertó con un beso. Tenía brillo en la mirada. Ese brillo que irradiaba cuando había logrado resolver algo después de darle varias vueltas.
Cuando bajaron a desayunar, Mariana eligió una mesa frente a la ventana, desde la que se divisaba el valle verde, aunque bastante seco, bañado por la fuerte luz de un cielo despejado y muy azul.
Martín dudó pero quiso deliberadamente contarle lo de su sueño -sabés, ayer en la casa vi el retrato de una mujer que ví varias veces en sueños, tenía dudas de que fuera mi madre pero no lo es -Le contó sus impresiones y los detalles de todo.
-Yo también vi otro retrato de ella y pienso que era… la mujer de Esteban.
-Pero ¿Qué…?
-Si Martín, escuchame con cuidado porque no quiero que sufras por lo que significa lo que voy a contarte. Me puse mal ayer… pero eso no es lo importante.
-¿Sabías algo de antes…?
-No, solo lo que vi ayer.
-Me imaginaba, le dijo el afectuosamente sin disimular algo de ansiedad.
-Quien aparece en tus sueños, era la mujer de Esteban, hay fotos de casamiento y los novios eran ellos dos… y ella… ella después se enfermó y murió. Por eso la recordás, porque eras muy chico cuando la viste por última vez posiblemente.
-Pero ¿Cómo sabés?
-Hay una foto de ella muy pálida y con un pañuelo en la cabeza… igual que yo cuando me hicieron la quimioterapia y lo demás… Ella no lo logró.
-Martín entonces comprendió lo que le había pasado a Mariana la tarde anterior, le tomó la mano y se la acarició con sus dos pulgares. Deseó abrazarla.
-Pero lo más importante que creo que pasó, es que Esteban no te contó nunca nada para que no volvieras a sufrir la nueva pérdida de una madre. Me dijiste que recordabas a la mujer muy afectuosa, entonces…
-Mariana continuó -trató de que la olvidaras, cosa que él mismo no pudo hacer, por eso te mantuvo alejado de todo esto. Me imagino como habrá sufrido. Pobre Esteban, hizo todo eso para protegerte pero él no lo pudo superar. Recordá que el también era joven en esa época.
-Si…
-Vamos a la casa, pero no olvides que te quería. Todos lo demás no tiene importancia al lado de eso. Sí fue un padre, no te olvides de lo importante -le dijo ella tratando de que viera lo que seguía sin angustiarse, ya que estaba sobre aviso.
Antes de subir al auto, el la abrazó, la miró a los ojos y le dio un beso, de esos que no acostumbraba a darle en público. De todas maneras allí no había nadie. A Martín le hubiera dado lo mismo que en ese momento estuvieran en medio de una multitud. En otras épocas si le hubiera importado.
-¿Y esto? –dijo Mariana conmovida.
-Es solo algo que quería darte por lo de ayer… pero es solo una muestra…
El entendió perfectamente que ella se había visto reflejada en esa mujer y aquella imagen le había transmitido su sufrimiento. No se le ocurrió otra cosa y le dio ese beso que a ella le pareció muy dulce.
En la casa utilizó sus llaves, ya que nadie los esperaba allí tan temprano. Martín vio las fotos con detenimiento y todo parecía concordar con lo que Mariana había dicho. Incluso encontró una foto suya en donde ella lo abrazaba. Mary Webster…
En una carta, Esteban le escribe a ella desde su barco, en Yokohama y le dice: “…en los tiempos de descanso no puedo dejar de pensar en vos y aprovecho para escribirte. Quiero que sepas que te extraño y no sé como pasar las horas en estos cielos desconocidos de mares oscuros. Pero las estrellas me guían y se donde dirigirme para rezar y pedirle a Dios que te proteja, que te cuide mientras yo no puedo, te cobije y te guarde. Tengo una foto tuya muy gastada de tanto acariciarla, pero no sos vos. Aunque tu risa, tus ojos y tus manos son las mismas, no puedo tocarte, no puedo decirte lo mucho que te quiero…”
Martín jamás pensó en ver algo escrito por Esteban como lo que acababa de leer. No era una persona de decir una cosa por otra. Las cartas no mentían, estaba muy enamorado de aquella mujer.
-Martín, quiero que leas esto -le dijo Mariana- La carta decía: “Dear Mary, no puedo esperar que vuelvas de Inglaterra, esta todo preparado para la ceremonia…” -en otra parte se leía “…Estoy emocionado por saber que por fin Martín va a volver a tener una madre. Vos sabés, pobrecito, como extraña a la suya y yo se que lo querés como si fuera tu hijo (…) todos sabemos, que sos la mujer perfecta para ser su madre…” -Mariana, mientras él leía, apoyó su cabeza sobre el hombro de ell.
-No hay cuidado, estoy bien –dijo Martín entendiendo el gesto de Mariana.
En una carta fechada un tiempo después, los padres de ella le dicen que había empeorado de su enfermedad y que por favor volviera. El remitente era de La Cumbre pero iba dirigida a Trieste. Como marino mercante Esteban pasaba mucho tiempo fuera del país.
Los recortes del diario del pueblo hablaban del casamiento… pero otros, de fechas posteriores, de la ceremonia en el cementerio local. Se habían casado y ella había muerto ese mismo año.
¿Qué habrá sido de los padres de ella? Le dijo Martín a Mariana. Allí se los veía en una foto.
-Volvieron a Inglaterra luego de morir la señorita Mary, dijo un hombre muy mayor de cabello blanco que estaba parado en la puerta del escritorio. Ellos no lo habían escuchado acercarse, estaba con su nieto, el que los había recibido la tarde anterior.
-Usted es…
-Soy Miguel, era el cuidador de la casa. Trabajaba para la familia Webster. No mucho tiempo después de que se fueran a Inglaterra, también murieron, no tenían otros hijos y ya eran mayores…Tal vez fue la tristeza.
La Srta. Mary era una muy buena persona, dulce y cariñosa con el Sr. Esteban y con usted. ¡Pero cuánto tiempo ha pasado! Recuerdo como ella lo ayudaba a subir a la hamaca del jardín y como se columpiaba… Pero seguro que no se acuerda de mi -le dijo tomándolo de ambos brazos- no recordará cómo jugábamos con el perro de la Srta. Mary, Captain, un Border Collie hermoso… por ahí hay una foto. Mire.
Usted no sabe como sufrió su tío Esteban con la muerte de ella. Pensábamos que iba a volverse loco o algo peor.

7 comentarios:

Laura Berra dijo...

Muy buen capítulo, no me imaginaba que podía ser la esposa de Esteban, mi pensamiento se fué por otros caminos.
"Tengo una foto tuyo muy gastada de tanto acariciarla..." me gustó la simplicidad para explicar un amor.
Saludos,

Premio consuelo para Lucía Folino dijo...

Se está poniendo muy bueno.

Y yo pensaba que Mary Webster era su madre y el tío Esteban su padre.

¿Raro no?

Carolina dijo...

Qué tierno...

Makiavelo dijo...

Es tremendo, cuanta tragedia, nos tienes con el corazón en un puño.

Va camino de convertirse en todo un best seller de la blogosfera.
Cuando mencionas a Yokohama, me pongo tierno, ya que me trae recuerdos, estuve allí en varias ocasiones.

Muy bueno, un saludo.

Makiavelo dijo...

Gracias por la visita Vill, Kristina ha aterrizado en Argenlibre.

Un saludo.

Argenlibre dijo...
Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.
Dalma dijo...

No habia tenido oportunidad de leer este capitulo hasta hoy.
Que lindas son las cartas de amor, Vill. Yo todavia conservo en la casa de mi mamá las que recibi en mi adolescencia, ataditas con una moña rosada. Me vinieron ganas de leerlas.
Han cambiado los tiempos, ahora la gente las guarda en la carpeta C:\mis documentos\cartas de amor :(
Cuantos descubrimientos de la vida de Esteban, no?
Besos,